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y2a -videos para encontrar la inspiración

videos para encontrar la inspiración

Ahora que se acaba el verano y que hay que volver al trabajo, a la universidad, al instituto… ahora que hay que empezar a correr la recta final hacia el fin de año, hacia la meta con todos esos objetivos que nos hemos ido marcando, ahora es el momento de cargar las pilas. Descansar ya hemos descansado; ahora es el momento de centrarnos y buscar la inspiración que nos conduzca a nuestros objetivos.

Éste es el segundo meme de Guía de Gerencia y, francamente, creo que va a ser muy interesante. Como ya te habrás dado cuenta trata sobre la inspiración, ya que después de haber leído el siguiente post de Zen Habits, en el que me he inspirado, decidí recopilar mi propia lista de videos inspiracionales (intentando que fueran videos en castellano o subtitulados).

A todos los que trabajamos en ventas creo que alguna vez nos han puesto el famoso video del “voy a vender mogollón“. Personalmente creo que es el perfecto ejemplo de cómo no hay que inspirar a la gente, ya que lo más importante es centrar la atención y la energía sobre los valores y principios más nobles, más puros, y más elementales, para poder dirigir nuestros esfuerzos hacia la consecución de nuestros objetivos. Estos principios o valores son tan antiguos como la propia humanidad, por eso son faros cuya luz alumbra la oscuridad de los más grandes problemas y dificultades, del sufrimiento más profundo, permaneciendo como referencia y resistiendo el paso del tiempo.

Ésta es mi lista. Si no tienes blog para participar en el meme puedes dejar los videos que mas te inspiran en los comentarios. Espero que los disfrutes:

1. Will Smith: Running and Reading (The key to life)

No conocía este video hasta que no lo ví en el artículo de Leo. Will Smith habla sobre los dos factores de éxito en la vida: correr y leer, o trabajar el espíritu de sacrificio y no rendirse nunca, y aprender de la experiencia de los que nos han precedido). Simplemente genial.

2. Al Pacino: Pulgada a pulgada (Un día cualquiera)

Un discurso realmente potente sobre el paralelismo entre la vida y el deporte, sobre cómo se gana y cómo se trabaja en equipo. Muy potente.

3. Stallone: Voy a decirte algo que tú ya sabes (Rocky VI)

Este monólogo ya hizo furor en Guía de Gerencia, tanto que incluso estuvo en menéame :-)

4. Mel Gibson: Libertad (Braveheart) (historia real para los que disfrutan con la Historia)

Este discurso ya es mítico en la historia del cine (aunque no tanto como el que viene después). Toca el tema de la libertad, la responsabilidad, y el momentum.

5. Charles Chaplin: Discurso final (El gran dictador)

Lo siento. Video de obligatorio visionado. Uno de los discursos más bellos y más inspiradores de toda la historia del cine.

6. Robin Wiliams: ¡Oh capitán! ¡Mi capitán! (El club de los poetas muertos) (Del poema de Walt Whitman).

Un buen ejemplo de que la autoritas siempre vence a la potestas.

7. Paul Potts: Operación Triunfo UK

Aunque los demás se burlen, hay que confiar en uno mismo.

8. Nike: Streets Have no Name

Este video es un poco más personal, ya que está ligado a mi breve paso por Nike. Cuando lo ves en una pantalla gigante en un auditorio con más de 1.000 personas a todo volumen, y encima con un famoso guitarrista tocando la canción en directo… impresionante. El video es una recopilación de anuncios inspiracionales, así que si te gusta el deporte y te gusta Nike, seguro que disfrutas viendo el video.

9. Nike: Lance Amstrong

Otro anuncio de Nike con Lance Amstrong como protagonista. Todo el mundo conoce la historia de este deportista y su vinculación con Livestrong y la lucha contra el cáncer.

10. Steve Jobs: Conferencia de graduación en la Universidad de Stanford

Tres lecciones magistrales para la vida de un hombre que ha vivido mucho e intensamente. Un clásico de internet que está por todas partes. Realmente inspirador.

Parte 1

Parte 2

Ahora te toca a tí. Responde al meme en tu propio blog con la lista de tus videos preferidos para inspirarte o déjalos en los comentarios. Vamos a elaborar entre todos una gran lista :-)

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Las nueve vacas

Las nueve vacas


¿Vieja o joven?

Una significativa historia que tiene mucho que ver con un principio educativo de singular importancia: 

lo que esperan que nosotros seamos y lo que creen los demás que nosotros valemos influye decisivamente en lo que realmente somos. 

Esta es la historia que deseo compartir con el lector.
Dos amigos marineros viajan en un buque carguero por todo el mundo. Esperan la llegada a cada puerto para bajar a tierra y beber, comer y encontrarse con mujeres. Un día llegan a una isla perdida en el Pacífico, desembarcan y se van al pueblo para aprovechar las pocas horas que iban a permanecer en tierra. En el camino se cruzan con una mujer que está arrodillada en un pequeño arroyo lavando ropa. Uno de ellos se detiene y le dice al otro que lo espere, que quiere conocer a esa mujer. El amigo, al verle y notar que esa mujer no es nada del otro mundo, le dice que para qué, si en el pueblo seguramente van a encontrar chicas más hermosas, más dispuestas y divertidas.
Sin embargo, el primero se acerca a la mujer y comienza a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres: cómo se llama, qué es lo que hace, cuántos años tiene, si puede acompañarlo a caminar por la isla. La mujer escucha cada pregunta sin responder ni dejar de lavar la ropa, hasta que finalmente le dice al marinero que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que éste manifieste la intención de casarse con ella, y en ese caso debe hablar primero con su padre, que es el patriarca del pueblo. El hombre la mira y le dice: "Está bien, llévame ante tu padre. Quiero casarme contigo".

El amigo no lo puede creer. Piensa que es una broma o un ardid para conseguir los favores de esa mujer y le dice: "¿Para qué tanto lío? Habrá un montón de mujeres más hermosas en el pueblo". El hombre le responde: "No es una broma. Me quiero casar con ella. Quiero ver a su padre para pedir su mano": Su amigo, más sorprendido aún, insiste: "Tú estás loco. ¿Qué le viste?, ¿seguro que no tomaste nada?" Pero el hombre, como si no escuchase a su amigo, sigue a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea. Cuando lo encuentra, le explica que han llegado hacía muy poco a esa isla y que le viene a manifestar su interés de casarse con una de sus hijas. El jefe de la tribu lo escucha y le dice que en esa aldea la costumbre es pagar una dote por la mujer que se elige para casarse. Le explica que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varía según las bondades de cada una de ellas. Por las más hermosas y más jóvenes se debe pagar nueve vacas. Las hay no tan hermosas y jóvenes, pero excelentes cuidando niños, que cuestan ocho vacas, y así disminuye el valor de la dote el tener menos virtudes.
El marino le explica que entre las mujeres de la tribu ha elegido a una que vio lavando ropa en un arroyo, y el jefe le dice que esa mujer, por no ser tan agraciada, le podría costar solamente tres vacas. "Está bien, respondió el hombre, me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas". El padre de la mujer, al escuchar aquello le dice: "Usted no entiende. La mujer que eligió cuesta tres vacas. Mis otras hijas, más jóvenes, cuestan nueve vacas". "Entiendo muy bien, responde nuevamente el hombre. Me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas".
Ante la insistencia del hombre, el padre, pensando que siempre aparece un loco, acepta y de inmediato comienzan los preparativos para la boda. El marino amigo no lo puede creer. Piensa que el hombre ha enloquecido de repente, que ha enfermado, que se ha contagiado de una rara fiebre tropical. No acepta que una amistad de tantos años se termine en unas pocas horas. Finalmente la ceremonia se realiza, el hombre se casa con la mujer nativa, su amigo es testigo de la boda y a la mañana siguiente parte en el barco, dejando en esa isla a su amigo de toda la vida.
El tiempo pasa, el marinero sigue recorriendo mares y puertos a bordo de los barcos cargueros más diversos y siempre recuerda a su amigo y se pregunta: "¿Qué estará haciendo?, ¿cómo será su vida?, ¿vivirá aún?, ¿seguirá casado con aquella mujer?". Un día el itinerario de un viaje lo lleva al mismo puerto donde años atrás se había despedido de su amigo. Está ansioso por saber de él, por verlo, abrazarlo, conversar y saber de su vida. Así es que, en cuanto el barco amarra, salta al muelle y comienza a caminar apurado hacia el pueblo.
De camino al pueblo se cruza con un grupo de gente que venía caminando por la playa en un espectáculo magnífico. Entre todos llevan en alto y sentada en una silla a una mujer bellísima. Todos cantan hermosas canciones y obsequian flores a la mujer y ésta los retribuye con pétalos y guirnaldas. 'El marinero se queda quieto, parado en el camino hasta que pierde al cortejo de vista. Luego, retoma su senda en busca de su amigo. Pregunta por él y, al poco tiempo lo encuentra. Se saludan y abrazan como lo hacen dos buenos amigos que no se ven durante mucho tiempo. El marinero no para de preguntar: "¿Cómo te fue?, ¿te acostumbraste a vivir aquí?, ¿te gusta esta vida, ¿no quieres volver?". Finalmente se anima a preguntarle: "¿Cómo está tu esposa?".
Al escuchar esa pregunta, su amigo le responde: "Muy bien, espléndida. Es más, creo que la viste llevada en andas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumpleaños". El marinero, al escuchar aquello, recordando a la mujer insulsa que años atrás encontraron lavando ropa, preguntó: "Entonces, ¿te separaste?". "No, es la misma mujer". "No es cierto, no puede ser", replica el amigo. "Sí, es la misma mujer que encontramos lavando la ropa años atrás". "Pero ésta es muchísimo más hermosa, femenina y agradable, ¿cómo puede ser?", dice el amigo.
"Muy sencillo, responde el marido. Me pidieron de dote tres vacas por ella y ella creía que valía tres vacas. Pero yo pagué por ella nueve vacas, la traté y consideré siempre como una mujer de nueve vacas. La amé como a una mujer de nueve vacas. Y ella se transformó en una mujer de nueve vacas".

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RESCATE DEL PLACER EN EL TRABAJO

RESCATE DEL PLACER EN EL TRABAJO

"Cuando hay algo que tiene 
sentido, las energías aparecen solas"
Prof. Emilio Komar


Aprendiendo de la Historia 
Mi primer trabajo fue a los 14 años, cuando me encontraba iniciando la Escuela Técnica en la que me había instalado mi padre.

Un vecino que era electricista me empleó como Ayudante. Teníamos una muy buena relación interpersonal. Había momentos en que la situación de trabajo me resultaba divertida, pues él era sordo y con frecuencia se producían situaciones graciosas, tanto en su relación conmigo como con los clientes.

Mi relación con la tarea en cambio no era buena. Ese trabajo no me gustaba.
El medio de transporte era la bicicleta. Los rollos de cable enhebrados en el manubrio, la caja de herramientas en el portaequipajes y ropa de trabajo. Ocasionalmente debíamos llevar una escalera al hombro.

Mi tarea consistía en escuchar las elucubraciones de Camilo acerca del lugar de la falla en la instalación para la que nos habían llamado. Luego venía la orden: "Abrí esa caja", "destornilla aquella tapa", "súbete a la escalera y quita ese artefacto", "Tira del cable azul, mira si se mueve el rojo" (cuando él tiraba desde otra caja de luz).

Ahí es donde se producían escenas graciosas. Camilo gritando desde una habitación y yo contestándole desde la otra. Los malos entendidos y sus enojos porque no escuchaba bien. Pero finalmente, y aquí lo importante, aparecía su expresión de alegría y satisfacción cuando resolvía el problema y concluíamos el trabajo.

Fuentes de Satisfacción
Le asomaba la alegría en la cara. Ya se sentía con entusiasmo como para continuar la tarea en otra casa. El desafío de encontrar nuevos cables pelados, reemplazarlos y conectar los artefactos; previa lavada de manos para no ensuciar el techo blanco, pues también tenía claro sentido de lacalidad.

En su sencillez y la simplicidad de este trabajo, Camilo ponía cariño y gozaba con los elogios y muestras de reconocimiento de algunos clientes.

También trabajé por aquella época en un taller de bobinas de motores eléctricos, una estación de servicios, un hotel de veraneo, una confitería, una carpintería, un taller de reparación de carrocerías; luego en una empresa multinacional y en una empresa estatal. En esta última como dibujante técnico primero y luego, cuando me recibí de Psicólogo en el Centro de Formación, donde hice mis primeras experiencias como "aprendiz de hechicero" en mi campo profesional.

Recién en este último trabajo me sentí bien y pude percibir en mí mismo algo que me vinculaba con aquella expresión de alegría y satisfacción de Camilo.

A esa altura, ya había llamado mi atención el hecho de que a tanta gente no le gustara su trabajo. El lunes costaba arrancar. Cada día de la semana transcurría lentamente y el viernes no llegaba nunca. Parecía un sacrificio permanecer en el trabajo hasta la llegada del fin de semana siguiente. Poco a poco me fui sintiendo cautivado por esta observación del malestar por el trabajo y la fantasía de que pudiera concentrarse el tiempo placentero sólo en los fines de semana.

Yo casi ni había percibido mi propio malestar hasta aquellos largos años que pasé sobre el tablero de dibujo.
 

En la oficina tenía dos compañeros con quienes compartía aquellas largas horas de cada día laboral: José, empleado administrativo y Osvaldo, instrumentista. Al lado, puerta por medio, nuestro jefe, el Sr. López.

José tenía su propio ritmo de trabajo y cumplía "con lo justo". No regalaba nada. Mantenía apenas conforme a su jefe aunque no satisfecho.

Osvaldo era un bohemio que había logrado ordenar su vida con la ayuda que le proporcionaba haberse convertido en un empleado por cuenta ajena, un horario que cumplir y un sueldo seguro a fin de mes.

Algunos Interrogantes
Aquel ambiente fue el "locus" en el que comencé a reflexionar sobre mundo del trabajo. Recordaba aquello de "Ganarás el pan con el sudor de tu frente" y la asociación popular del trabajo al castigo.

¿Pero no estaría presente en ese sudor la idea del esfuerzo más que del castigo? Uno hace esfuerzos y suda para realizar actividades, -laborales y extralaborales-, y muchas de ellas son sumamente placenteras.

¿Por qué y para qué trabajaríamos?. Sentía la necesidad de indagar y profundizar estas preguntas. ¿Cuál es el sentido de trabajar? ¿De trabajar en qué?

Por otro lado me conectaba con mi padre a quien muchas veces le había oído decir que "seguramente no debe haber algo más nocivo (jodido decía él), que tener que trabajar en lo que a uno no le gusta".

Él tenía un modesto taller de reparación de instrumentos, tenía claro cuales eran las reparaciones que le gustaba realizar y cuales no. Pero no siempre llegaban a su taller trabajos que lo invitaran a zambullirse en su ejecución. Y así fue que en mi adolescencia tuve que comenzar a trabajar, no porque me gustara hacerlo a esa temprana edad, sino para ayudar a cubrir el déficit de la economía familiar.

Mi padre era claro en el planteo de fondo, pero evidentemente no lo había podido resolver en la práctica con un sentido productivo y realista.

Entonces los modelos que se presentaban eran los "Josés", los "Osvaldos", y mi padre. ¿Y los "Camilos"? ¿Cómo eran éstos, cómo funcionaban?. En realidad había conocido muy pocos.

Los primeros, aún cuando había épocas de sueldos magros y no estaban satisfechos con su trabajo, tenían sus necesidades básicas y las de sus familias cubiertas.

El segundo, cuando tenía trabajos que le gustaban la pasaba bien, pero generaba una sensación de cierto desamparo en la prole.

Camilo gozaba de su trabajo y su autonomía, pero sufría los altibajos de cierta estacionalidad.

Me costaba aceptar que estos fueran los únicos caminos y convivo desde entonces interesado en encontrar salidas inteligentes a estas situaciones, que vengo observando con pena, pero con la convicción de que es posible encontrar alternativas de solución.

Satisfacción e Insatisfacción
Desde que egresé como Psicólogo dejé el tablero de dibujo y pasé a realizar mi tarea ya profesional en aquel querido Centro de Formación, donde experimenté por primera vez el placer en mi trabajo.

Esto ha tenido altos y bajos a lo largo de los primeros años y los bajos fueron los que precisamente me llevaron a atravesar situaciones dolorosas, pero de crecimiento.

Luego salí de aquella empresa estatal, me trasladé de ciudad y entré en una empresa privada productora de alimentos y más tarde en una empresa de seguros. Siempre en el área de Recursos Humanos.

En cada cambio experimenté transitorios estados de alegría por alcanzar situaciones de mayor prestigio y más dinero. En cada uno de esos lugares observé que también había "Josés" y "Osvaldos", como en aquella empresa estatal. En algunos momentos de ese período yo también me sentí uno de ellos.

Preso de aquellas buenas remuneraciones, temeroso e inseguro para imaginarme siquiera alguna alternativa de cambio, tuve que armarme de varias dolorosas contracturas musculares en mi espalda como para poder comprender que el verdadero placer en el trabajo no pasaba por ganar buen dinero.

A esa altura ya había transitado algunos caminos teóricos, pero me llevó todavía un tiempo más reencontrarme con aquellas tempranas observaciones de la situación laboral de mis compañeros José y Osvaldo, hacer una conceptualización sobre estas experiencias y crear una propuesta que contribuya a revisar las consecuencias nocivas de la interpretación parcial del "ganarás el pan con el sudor de tu frente".
 

Otras Preguntas
¿Cómo habrá elegido Camilo su oficio de electricista?; ¿lo habrá elegido?, ¿cómo habrá llegado a desarrollar esa actividad? ¿Qué caminos habrá seguido en su búsqueda de un trabajo como el que realizaba?. ¿Cómo habrá sido ese fenómeno que se dio en él por el cual encontró una actividad que le producía placer?. ¿Por qué fenómeno singular, cuando resolvía un problema le cambiaba el gesto?. ¿Cómo se producía aquel rostro de alegría que mostraba inequívocamente su satisfacción?.
 

Vínculo con la Tarea
Evidentemente no se trataba de una elección fundada en un afán de enriquecerse. No era algo del orden de lo cuantitativo lo que estaba en juego sino de lo cualitativo. Había algo vinculado con cierta cualidad existente en esa actividad que para él resonaba en su interior, seguramente muy ligado a lo que llamamos vocación.


La estructura de esa tarea hacía que se activara una especie de diapasón interior de Camilo, produciéndole seguramente acordes placenteros.
El modo singular en que aquel hombre se vinculaba con esa tarea que realizaba, no solo le producía placer. Su trabajo le permitía sentirse útil.

Para él su aporte tenía un sentido muy claro lo que hacía que su energía apareciera en forma espontánea y natural para resolver los problemas que se le presentaban.

Tenía sentido para él poner su capacidad productiva en lo que realizaba y el hacerlo bien constituía un elemento motorizante para querer hacerlo cada vez mejor.

Los resultados de su trabajo en términos de calidad nunca hubieran podido ser alcanzados por alguien que no tuviese aquel diapasón afinado en ese registro tonal.

Cualquier persona podría cumplir obedientemente indicaciones para realizar trabajos como el de Camilo, pero la calidad de lo logrado por obediencia nunca sería equiparable a la de quien trabaje con entusiasmo y hasta con pasión.

Los grandes hombres siempre han sido apasionados por su que hacer. Ningún gran descubridor de nada ha sido alguien frío, desapasionado, lo que sí observamos es que la pasión está alineada con el objeto de estudio o trabajo.

Sin pasión es imposible desarrollar al máximo el talento del que se dispone. Cuando uno está en su eje, las cosas siempre salen bien.

Muchas veces las necesidades de encontrar respuestas a la emergencia, en lo económico por ejemplo, nos lleva a hipotecar años de nuestra vida instalados en actividades que no nos harán surgir nunca el despertar de aquella pasión motorizante del crecimiento profesional.


Los Vínculos Interpersonales
Uno de los problemas más grandes del hombre actual lo constituye el hecho de que el trabajo hoy crea tensión y se ha ido perdiendo la alegría por el trabajo.

En procura de una mirada más completa, consideremos que en nuestros trabajos, además de vincularnos con una tarea, estamos en contacto con otras personas.

La calidad de nuestros vínculos con Jefes, Pares, Colaboradores y otras personas, será también una variable que incidirá en nuestro bienestar o malestar en el trabajo.

Volviendo a mis 14 años. La tarea que realizaba como ayudante de Camilo no me gustaba, pero la calidad de la relación interpersonal con él era buena. Me sentía bien trabajando con Camilo y era claro que a él también le gustaba que yo fuera su ayudante.

Una de las condiciones básicas para garantizar los resultados en el ejercicio del liderazgo es la capacidad de generar un buen clima emocional. Si esto se logra, las necesidades de los colaboradores podrán ser planteadas y éstas podrán ser escuchadas y atendidas con mejores resultados.

Si el diálogo se realiza en un marco de confianza mutua y respeto por el otro, el principio de autoridad se establece sin tensiones y se generan las condiciones propicias para el aprendizaje, tanto de los conductores como de los conducidos.

Si es posible por ejemplo enseñar/aprender a partir de los errores, tanto propios como ajenos; si se posee la humildad necesaria para reconocer los propios desaciertos y humanizar los roles laborales al poder mostrar que todos somos falibles, tanto conductores como colaboradores, esto produce una mayor simetría vincular.

Así se facilita la comprensión mutua mejorando el clima emocional, factor clave que hace a las condiciones de trabajo, produciendo en consecuencia una placentera distensión en el plano relacional.

Un factor clave es la capacidad del conductor para reconocer los avances en el crecimiento de sus colaboradores, pudiendo no solo escuchar propuestas de innovación, sino incluso estimulando a que surjan.

Pensamos que el sano desarrollo de un rol laboral, depende como en cualquier orden de la vida, en gran medida, de cómo nos hayamos sentido acompañados y respetados por nuestros formadores, por aquellos que tuvieron la misión de facilitar la búsqueda de los caminos a transitar en nuestro crecimiento personal y profesional.
 

Reflexionando
Por todo esto es que invito a que hagamos una mirada retrospectiva en nuestra vida laboral y profesional, para intentar una comprensión más amplia de los factores que han contribuido a encontrarnos en el lugar que ocupamos hoy en el mundo del trabajo.

Es necesario que reconozcamos a los Camilos, Josés, Osvaldos, etc. que nos habitan. El haberlos creado ha sido la mejor respuesta que pudimos darnos frente a las situaciones que debimos afrontar en nuestra historia laboral.

Los hemos creado del mismo modo en que creamos tantos otros personajes que habitan en nuestro mundo inconsciente y nos condicionan en nuestra forma de estar en el mundo del trabajo.

Esto es muy importante para identificar cuales son aquellos aspectos sobre los que debemos trabajar en nosotros mismos para corregir y mejorar.
 

Vínculo con la Organización
Finalmente tengamos presente que muchas de nuestras actividades las realizamos en Organizaciones. Digamos entonces que el vínculo que desarrollamos con la institución a la que prestamos nuestro trabajo es una variable importante y sobre la que también es necesario detenernos.

Nuestros valores pueden ser o no coincidentes con los de la Organización para la que trabajamos. Y aquí también, a veces, por imperio de la necesidad permanecemos atrapados y con la sensación de imposibilidad de emigrar.

El primer aspecto al que me quiero referir en este punto es el que hace a la reciprocidad. No existe ningún vínculo que se pueda sostener en el tiempo si no se mantiene dentro de límites aceptables en términos de reciprocidad.

En el vínculo con la Organización, debemos poder sentir que existe un buen balance entre lo que aportamos y lo que recibimos. Esto tiene un componente objetivo y otro subjetivo. Pero si en el proceso de intercambio se produce una marcada desigualdad, el vínculo se lesiona primero y luego se quiebra.

Pretender prolongar en el tiempo una situación vincular que ha sufrido este quiebre, inevitablemente tendrá un alto costo en salud. Pues si no puede resolverse, se instalará la queja, que es un indicador preciso de impotencia.

El segundo aspecto es la consistencia entre los sistemas de valores de las personas y la Organización.

Una cuestión que siempre está presente en toda situación de trabajo, es la trascendencia. Es la contribución que uno hace al mundo con su trabajo. En este sentido cobra relevancia la naturaleza del producto de la Organización. ¿El producto o servicio que nuestra Organización brinda está alineado con nuestros valores?

¿Cómo es sino formar parte de una industria que fabrica elementos para producir la muerte?, fábrica de armas, industria del tabaco, etc.

En mi práctica clínica y como Consultor Institucional he encontrado muy frecuentemente, cómo el no revisar estas cuestiones que parecen tan sutiles suele producir síntomas, que si no son debidamente atendidos, pueden derivar con el tiempo en enfermedades.

Abrir un espacio para reflexionar sobre estas cuestiones es necesario y sumamente saludable, tanto para la gente como para la Organización.

Si no hay capacidad de reflexión y acción, aparece la queja. A la inversa, si se está en posición de dominio de la situación, no queda espacio para la queja.

Una sencilla observación: si vemos cómo y en quienes aparece la queja, nos daremos cuenta que en aquellas personas con capacidad de conducción, la queja prácticamente no tiene lugar. Y lo opuesto, cuando observamos personas muy quejosas, vemos que en general su capacidad de conducción es limitada.

La actitud proactiva es lo que garantiza la autonomía y el buen aprovechamiento de los recursos para encontrar salidas frente a las dificultades. Es lo que nos aleja de la dependencia.
 

El Desafío
Indudablemente es un desafío apasionante la búsqueda de áreas de interés común entre quienes componen la fuerza productiva.

Empleadores y empleados necesitan encontrarse en torno a valores comunes.

¿Cómo hacer para que la gente trabaje en aquello que más le gusta, de tal manera que naturalmente aparezca en su rostro aquella sonrisa de satisfacción de Camilo?

Las Organizaciones necesitarían sólo facilitadores y coordinadores del aporte de cada uno de sus integrantes.

Serían innecesarios los jefes mandones, los supervisores controladores, tantos sistemas normativos orientados a mantener la disciplina, controlar la puntualidad, el ausentismo, etc. Cada uno, de un modo natural, desplegaría al máximo su talento si se le brindaran las condiciones propicias para ello.

Quizás esto, que para algunos pueda sonar como una utopía, merezca ser reflexionado y discutido con sabiduría y pasión.

Tengo la convicción de que entre los extremos contenidos por el clásico "no se puede" y los "proyectos delirantes", en algún punto siempre se encuentra el "Proyecto Posible".

Si pensamos en el pequeño grupo al que cada uno pertenece, en esa microsituación de trabajo, es posible que de 10 situaciones analizadas podamos poner en práctica 2 ó 3 acciones de mejora. Si logramos esto, habremos mejorado un 20 ó 30% de lo considerado.

Y si respetamos el principio de mejora continua, esta puede ser una forma sencilla, quizás de bajo perfil pero realista, de conducir un proceso de cambio hacia una situación de trabajo cada vez mejor.

La mitad de nuestra vida de vigilia o más, la pasamos en nuestro trabajo. Nuestro compromiso con nosotros mismos es hacer nuestra vida cada vez mejor. Estamos convencidos de que es bueno para nosotros y para los otros.

Será beneficioso entonces hacer una inversión de tiempo y esfuerzo buscando caminos que nos ayuden a revisar y re-matrizar nuestro modo de estar en el mundo del trabajo, rescatando el sentimiento de legalidad interior por la búsqueda del placer en el trabajo.

Eduardo Larriera
Psicólogo
Especializado en Coaching

Artículo publicado en la Revista Training and Development – marzo 2003

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y2a -YO... Y EL SÍNDROME DE ÉXITO

YO... Y EL SÍNDROME DE ÉXITO

 

"Síndrome de éxito"... ¿pero qué es eso?, será algo nuevo que han inventado ahora para mantener viva la idea de que la gente de empresa contamos hoy ya casi con un diccionario propio: "zona de confort", "coaching", "outsorcing", "team building", "outplacement", "planing" y un enorme etcétera. Por lo menos éste nuevo término viene en español, pero, ¿no sería bueno también traducirlo al inglés?.

 Cuando percibo que he alcanzado un elevado nivel dentro de la empresa y comienzo a experimentar esa "dulce" sensación de que "he llegado", que lo he logrado gracias a mis propias competencias, entonces es bueno que vaya sabiendo que estoy en riesgo de comenzar a padecer del "síndrome de éxito".


El síndrome de éxito es una especie de ataque de autosuficiencia que me lleva a percibir las cosas de un modo tal, que si algo no funcionara como se espera, comenzaré por sentir que alguien, que obviamente no soy yo mismo, no ha hecho las cosas bien.


Cuando comienzo a padecer del síndrome de éxito, también dejaré de tener presente conceptos que he estudiado tanto en la carrera de grado como en alguno de los tantos master cursados con éxito. Conceptos básicos, por ejemplo vinculados al principio de autoridad, donde he visto que lo que sí puedo delegar son las tareas, pero que no es posible delegar la responsabilidad por la realización de tales tareas y el logro de los objetivos asociados.


Algo que pone en evidencia que estoy padeciendo de este síndrome está en la forma en que intento explicar las dificultades en los logros. Hasta puedo convertirme en alguien muy eficaz para explicar el porqué no se ha sido eficaz en el logro de lo esperado.


El síndrome de éxito nos afecta de tal modo que podemos olvidar estos conceptos elementales: si la responsabilidad no se puede delegar, debo saber que continuaré siendo responsable tanto de lo que mi equipo de colaboradores pueda lograr como de sus fallos y sus eventuales fracasos.


En este contexto, es muy probable que me vaya convirtiendo cada vez más en una persona con dificultades para escuchar comentarios, sugerencias y preguntas que promuevan una reflexión útil para el crecimiento.

Ello tiene su lógica, pues si es síndrome de éxito, me lleva a suponer que ya he crecido lo suficiente, ya lo aprendí, que a quienes les falta aprender es a mis colaboradores y no es mi responsabilidad enseñarles, pues ellos deben aprender a buscarse la vida tal como lo hice yo.

Me resultará difícil detenerme a escuchar abiertamente a lo que los otros tengan para decirme. Sentiré que no necesito psicólogos, terapeutas, coaches ni nada de eso, pues yo ya lo sé.

Sentiré que he alcanzado la posición de "vaca sagrada", y sólo me sentiré mal si ocurre alguna circunstancia en la que "por culpa de algún incompetente", (que es cierto que los hay), ocurrió la dificultad.

Tampoco me preguntaré acerca del porqué hay algún incompetente en mi equipo, seguramente pensaré que se trata de una incompetencia del área de selección de personal, de "estos de recursos humanos". Cuando estoy en la posición de "vaca sagrada", no me pregunto si yo he tenido alguna responsabilidad por aceptar a la persona que me fue propuesta por Recursos Humanos.


Parte del problema consiste en no poder reconocer que el proceso de crecimiento recorre un camino en espiral, que no se trata de un camino lineal.


Si recorremos nuestra historia personal, seguramente hallaremos situaciones y momentos en que hemos experimentado el sentimiento de "vaca sagrada", ese estado de  enamoramiento de nosotros mismos, que nos ha llevado por momentos a sentir que somos casi unos genios. Y ¿porqué el casi?, muchas veces ese casi está de más.

Y si prestamos atención, en esa mirada de nuestra historia seguramente encontraremos también situaciones y momentos posteriores al estado de vaca sagrada que nos conectan con la otra cara de la moneda descubriendo que luego de alguno de esos momentos de éxtasis le han seguido otros más difíciles y hasta de fracaso.

 También es probable que nos haya costado percibir y comprender sobre los motivos de esta falta de éxito y aún menos reflexionar sobre ello.

Si no pudimos otorgarnos la posibilidad de mirarnos a nosotros mismos con una curiosidad sincera que nos ayude a comprender lo que nos ocurrió, no habrá Consultor, ni Coach que pueda ayudarnos.


No existen vacunas que nos protejan del "síndrome de éxito", se trata de lanzarnos a la tarea de aprender de nuestra propia experiencia, para poder comprender qué es lo que nos ocurre, para así poder aceptar luego nuestras limitaciones expresadas en dicho fracaso y poder iniciar entonces un paciente y útil proceso de fortalecimiento a partir de una saludable reflexión que nos permita crecer.

Pues para poder cambiar, mejorar, crecer, es necesario que podamos aceptar nuestras limitaciones. Pero si estamos atacados por el síndrome de éxito, esto no será posible. Más aún, es probable que con el devenir del tiempo este síndrome se instale cada vez más, se quede a vivir dentro nuestro y nos lleve a desarrollar un comportamiento que nos produzca un creciente sufrimiento y les haga la vida muy difícil a quienes nos rodean.


¿Qué podemos hacer entonces?. 

Quizás varias cosas, aunque no son muchas, pero es muy probable que ayude, (aunque nunca es seguro) observarme a mi mismo y estar muy atento, para que ante la percepción de los primeros atisbos de los síntomas del síndrome de éxito poder buscar ayuda, sabiendo que esta ayuda, bien podrá ser la que proporcione un profesional, tipo Coach, Mentor, Psicoterapeuta, etc. o la de algún amigo o colega que cuente con por lo menos estas tres cualidades: ser una buena persona, es decir, que se interese genuinamente por mi y lo que me ocurre; alguien que tenga "visión", es decir capacidad para ver un poco más allá de lo inmediato y tomar perspectiva con la situación y finalmente, una persona que sepa algo del tema.

 

Eduardo Larriera

elarriera@coachingmayeutico.com

606 237 155

916 345 143

Artículo publicado en Expansión y Empleo del 22 y 23 de octubre de 2005.

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Burnout

Burnout

El síndrome de “burnout”, también llamado síndrome de “estar quemado” o de desgaste profesional, se considera como la fase avanzada del estrés profesional, y se produce cuando se desequilibran las expectativas en el ámbito profesional y la realidad del trabajo diario.

Este síndrome es un mal invisible que afecta y repercute directamente en la calidad de vida y fue descrito por Maslach y Jackson en 1986, como un síndrome de agotamiento profesional, despersonalización y baja realización personal, que puede ocurrir entre los individuos que trabajan con personas.


La forma de manifestarse se presenta bajo unos síntomas específicos y estos son los más habituales:

  • Psicosomáticos: fatiga crónica, trastornos del sueño, úlceras y desordenes gástricos, tensión muscular
  • De conducta: absentismo laboral, adicciones (tabaco, alcohol, drogas)
  • Emocionales: irritabilidad, incapacidad de concentración, distanciamiento afectivo
  • Laborales: menor capacidad en el trabajo, acciones hostiles, conflictos

El síndrome de burn-out no es exclusivo de gerentes de empresas, sino que ataca directamente a deportistas de élite así como a un grupo de personas que sintomáticamente pueden padecer esta enfermedad, estos son los profesionales con contacto con personas, como el personal sanitario, de la enseñanza, asistentes sociales, etc y que según Maslach son los profesionales de ayuda.
Especialmente las mujeres son víctimas de este síndrome, con más frecuencia que los hombres.



Las evidencias que afectan al individuo en el inicio de la aparición de esta enfermedad, se reconocen en varias etapas y son:
  1. Exceso de trabajo
  2. Sobreesfuerzo que lleva a estados de ansiedad y fatiga
  3. Desmoralización y pérdida de ilusión
  4. Pérdida de vocación, decepción de los valores hacia los superiores

Para su medición el método más utilizado es el Inventario Burnout de Maslach, que está formado por 21 ítems, en los que se valoran, el cansancio emocional, la despersonalización y la realización personal.

Diversos estudios nos indican que cuanto mayor grado de control tienen las organizaciones, más aumenta la desmotivación que les puede llevar a casos de burnout. Por lo que para intentar que no aparezca este síndrome, las empresas deberían de adoptar las siguientes estructuras:

  • Horizontal
  • Descentralizada
  • Con mayor grado de independencia
  • Promociones interna justas
  • Flexibilidad horaria
  • Apoyo a la formación

Esta enfermedad con una clara presencia en el ámbito laboral (Notas Técnicas de Prevención 704 y 705), no esta reconocida por la legislación laboral española como patología, pero sí existe jurisprudencia al respecto, en concreto una sentencia de 12/2000 del Tribunal Supremo.

Lógicamente, lograr unas organizaciones sin burnout, puede parecernos una utopía, pero tenemos que trabajar para que esta enfermedad aparezca lo menos posible en nuestras empresas y así no se convierta en una de las enfermedades profesionales del siglo XXI.

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s2t2 -Procrastinación

Procrastinación

Algunos lectores se habrán preguntado por este extraño título. 

Quienes han resistido el choque y han abierto la puerta del artículo se encontrarán dentro del mismo con "aquellas personas que lo dejan todo para más adelante", que sufren la "adicción al día siguiente". 

El diccionario nos permite saber que procrastinar significa diferir, aplazar, postergar. 
Los procrastinadores son personas habituadas a dejar las cosas para mañana. Algunos piensan que debería hablarse de "procastinadores" porque la proximidad de dos erres hace que la palabra no suene bien. Deberíamos hablar de procastinación, afirman, lo mismo que decimos trastocar y no trastrocar. Pero no es esa la cuestión que deseo plantear.

Se ha abandonado durante mucho tiempo la preocupación por la voluntad. De hecho, ese concepto ha desaparecido de los tratados de psicología. 

La formación de la voluntad de los niños y jóvenes no ha sido una de las prioridades educativas de las familias y de las escuelas en los últimos tiempos. 

La voluntad se forja, no es una cualidad innata. 

Fruto de esa despreocupación, entre otros factores, es la hipertrofia de las enfermedades de la voluntad: la abulia, la desidia, el descontrol, la esclavitud de la voluntad, la inconstancia, la impulsividad, la indecisión… y la procrastinación.

José Antonio Marina, en un reciente libro titulado 'La inteligencia fracasada. Teoría práctica de la estupidez' nos habla de algunos problemas de la voluntad. Entre ellos de esa inveterada costumbre de dejar las cosas para más adelante. 

¿No conocen a nadie con este problema arraigado en la voluntad? 

Hay muchas personas hoy día afectadas por ese enfermedad. 

¿No lo será usted mismo, querido lector? 

Les pongo delante un espejo para ver si se reconocen. Éstas son algunas manifestaciones de la actitud de los procrastinadores.

–Suelen recibir un recargo en el pago de contribuciones porque siempre acuden a pagar después de pasada la fecha última del plazo. "Mañana lo haré, mañana lo haré…". Total: veinte por ciento más como castigo por la demora.

–Echan gasolina en el coche cuando ya lleva muchos kilómetros con la señal de alarma en sus cotas más altas. En alguna ocasión se quedan tirados en la carretera.

–Si tienen una avería en el microondas sólo acuden al técnico el día que éste se estropea del todo. Y éste les dice: "Si hubiéramos detectado la avería a tiempo…".

–Cuando la mesa del despacho pide unos minutos de tiempo para ordenar los papeles, la demora se hace infinita y nunca encuentran el momento.

–Si padecen un leve dolor de muelas esperan para acudir al dentista al día que sufren unos dolores insoportables. "Pero hombre, les dice el odontólogo, cómo ha tardado tanto tiempo en venir. Tiene la muela completamente podrida".

–Nunca encuentran el momento de cortar una relación deteriorada que sólo produce dolor y frustración.


"Luego", "más tarde", "después", "mañana", "otro día", "más adelante", "en otra ocasión"… son expresiones que utilizan frecuentemente los procrastinadores. 

En definitiva, "ahora no". Nunca es el momento oportuno. Nunca se dan las condiciones perfectas para hacer lo que hay que hacer. Las cosas urgentes van postergándose en un orden de acción que la voluntad no logra priorizar adecuadamente.

Podemos ver esta actitud de forma clara en el niño que juega embebido con su última adquisición electrónica. La mamá lo llama para hacer los deberes. Él sabe que tiene una tarea urgente que realizar, pero no es capaz de interrumpir lo que está haciendo. Y la respuesta inexorable es: ¡Un momento!


Las tácticas dilatorias son múltiples. Algunas muy elaboradas y con enorme potencia persuasiva para el procrastinador. 

"Mañana me levantaré y dedicaré toda la mañana a solucionarlo. Será mejor que hacerlo ahora de mala manera", se dice. 

"Eso requiere más tiempo, más luz, más calma, más clarividencia…" que las que ahora tengo. Conviene dejarlo para después". 

Otras son abiertamente engañosas: "le preguntaré a alguien cómo hacerlo y con una sencilla explicación lo haré muy rápido. Puede ser que alguien me eche una mano sin que le cueste gran cosa". La más perfecta es la del que piensa que, a última hora, sucederá algo que evite realizar esa tarea. El estudiante que tiene que hacer un examen piensa que sucederá alguna hecatombe que obligará a cerrar ese día la escuela.


Otra de las causas más potentes de la procrastinación es el perfeccionismo. Hay personas que demoran indefinidamente la realización de una tarea porque quieren asegurar un cumplimiento perfecto, casi siempre imposible. 

Algunas veces se plaza la acción porque se piensa que absorberá un tiempo mucho mayor del que realmente se necesita. Y, en fin, algunas veces se temen tanto las consecuencias que resulta más rentable inventarse cualquier excusa para el aplazamiento.
Esa permanente dilación acaba siendo muy nociva y consumiendo muchas más fuerzas en la preparación de la decisión que en la acción misma que hay que llevar a cabo. Marina nos recuerda la famosa Ley de Emmett. En efecto Rita Emmett, en su libro 'Procrastinador´s Hanboock' enuncia dicha ley en los siguientes términos: 

"El temor a realizar una tarea consume más tiempo y energía que hacer la tarea en sí". 

Hay una versión social del problema de la procrastinación que es el aplazamiento permanente de la solución de los problemas pendientes. Nunca se encuentra el momento, Siempre hay alguna excusa. Siempre falta algún papel. Nunca se dan todas las condiciones.


La procrastinación tiene una modalidad política o social. Hay políticos que buscan siempre excusas para acometer una obra difícil o arriesgada. Hace falta pedir otro presupuesto, que pase el invierno, que lleguen los asesores, que cambie el clima político… Hay problemas que la procrastinación ha cronificado. 

Mañana, mañana, mañana… Es decir, nunca. 

El clásico "vuelva usted mañana" de Larra tiene que ver con esa enfermedad social consistente en demorar las respuestas, en dar excusas para diferir la solución a un problema.


Sólo en un caso veo razonable ser procrastinador. Es el caso del optimista que recibe una mala noticia por la noche. Y se dice, prometiéndose una noche de sueño placentero:

 Menudo disgusto me voy a llevar mañana cuando me levante.


SEGUN WIKIPEDIA

Procrastinación

La procrastinación (del latínpro, adelante, y crastinus, referente al futuro) es la acción de postergar actividades o situaciones que uno debe atender, por otras situaciones más irrelevantes y agradables.

La procrastinación es un trastorno del comportamiento que tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés). Éste puede ser físico (como el sentido durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso), psicológico (en la forma de ansiedad o frustración), o intelectual. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente de concluir. El acto que se procrastina puede ser percibido como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante. La procrastinación también puede ser un síntoma de algún desorden psicológico, comodepresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).

No se ha demostrado cabalmente que la costumbre de procrastinar puede llevar a una dependencia de diversos elementos externos, tales como Internet, leer libros, salir de compras o comer en lugar de realizar la tarea que se supone hay que hacer.

La procrastinación no necesariamente está ligada a la depresión o a la baja autoestima. El perfeccionismo extremo o el miedo al fracaso también son factores para procrastinar.

Existen dos tipos de individuos que ejecutan esta acción: procrastinadores eventuales y procrastinadores crónicos. Los segundos son los que comúnmente denotan desórdenes en los comportamientos antes mencionados.

Algunos autores afirman que existen en la actualidad conductas adictivas que contribuyen a este trastorno: se refieren, por ejemplo, a la llamada "adicción a la televisión", a la "adicción a la computadora" y a la "adicción a la pornografía", esta última sobre todo a través de Internet. Otros autores afirman que tales adicciones no existen. No obstante, a pesar de que ya hay propuestas de tratamiento para este tipo de problemas conductuales (terapia cognitivo-conductual, sobre todo, que incluye, por ejemplo, la aplicación de opciones en la propia computadora para bloquear voluntariamente el acceso a las páginas de pornografía), se trata de un tema muy nuevo, en el que aún hace falta realizar mucho trabajo de investigación.

Por otra parte, el llamado "síndrome del estudiante" (el hecho de que muchos estudiantes pospongan la entrega de sus trabajos hasta el último minuto del día de la fecha límite) está presente, al parecer, también en otros grupos sociales: en las temporadas en las que se acerca la fecha límite para pagar los impuestos (para presentar las declaraciones mensuales o anuales), las oficinas donde se llevan a cabo esos trámites (los bancos, por ejemplo) se saturan de personas que asisten a realizar ese trámite sólo hasta el último momento.

Un famoso refrán que combate la procrastinación es el que dice: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". En el mundo anglosajón se dice: "La procrastinación es el ladrón del tiempo". También podría decirse que la procrastinación es el ladrón del deseo.

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