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FORMACION : El CHISTE de la trompeta

Alguien le pregunta a un trompetista… 

¿Oye, cuánto tiempo se necesita para aprender a tocar la trompeta? 

Y este responde: pues está claro, tres años. .....

.......Un año para el primer pulsador, un año para el segundo, y otro para el tercero.

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s2t2 -Equipos de alto rendimiento: lecciones de los pigmeos

Equipos de alto rendimiento: lecciones de los pigmeos 
02/02/2009 - Artículos -

 
e-LEARNING Equipos de alto rendimiento: lecciones de los pigmeos 

La sociedad pigmea es un buen ejemplo de lo que puede hacer la confianza a la hora de simplificar y agilizar los procesos de toma de decisiones y ofrece varias lecciones útiles para crear equipos de trabajo eficaces.
 Aunque la vida en la comunidad pigmea sorprenda a los extraños por su simplicidad y aparente falta de organización, en realidad está regida por un complejo sistema informal subyacente basado en la confianza. Este conjunto de reglas informales que constituye el sistema social de los pigmeos ayuda a la comunidad a funcionar eficazmente. Así como un exceso de normas es un buen indicador de un trastorno de la confianza y una mentalidad paranoica, un alto grado de confianza permite que la organización informal domine a la formal.

En otras palabras, las normas implícitas pasan a ser más importantes que las explícitas. La sociedad pigmea proporciona a las sociedades mercantiles o empresas un ejemplo de estructura de equipo cohesionada, combinada con un liderazgo eficaz. Su único inconveniente la falta de adaptabilidad frente a los factores externos  no debe desviar nuestra atención de las muchas y enriquecedoras enseñanzas que podemos extraer de esta sociedad. Manfred F.R. Kets de Vries es titular de la cátedra Raoul de Vitry d'Avaucourt de Gestión de Recursos Humanos del INSEAD. Es MBA por la Harvard Business School y autor de quince libros, entre ellos, Power and the Corporate Mind y The Neurotic Organization.

 "Dime con quién andas, y te diré quién eres" (Miguel de Cervantes, Don Quijote) "No se puede liderar a las personas a base de golpes. Eso es agresión, no es liderazgo" (Dwight Eisenhower) 

La mayoría de los lectores están probablemente familiarizados con la denominación de pigmeo, término antropológico con el que se alude a diversas poblaciones habitantes del África Central cuyos hombres adultos no superan un metro y medio de altura. El término pigmeo significa, en griego, la distancia existente entre el codo y los nudillos, aplicada luego descriptivamente a este grupo de población de estatura inusualmente baja. Los pigmeos están considerados entre los habitantes más antiguos del continente africano y son, probablemente, los moradores humanos más antiguos de la selva tropical. La cultura pigmea se remonta a tiempos prehistóricos y nos ofrece mucho que aprender. 

Es una ventana a nuestro pasado, como modelo primario de comportamiento humano, y nos da una idea de cómo vivía el hombre antes del surgimiento de la agricultura, hace unos 10.000 años. Ya en la antigua época egipcia, alrededor de 2.300 años antes de Cristo, se registró la existencia de los pigmeos en la documentación de una expedición enviada en busca del origen del Nilo. En un mensaje enviado al faraón Phiops II, de la sexta dinastía, por el príncipe Herkhuf de Elephantine, comandante de la expedición, se describe el descubrimiento de unos "enanos que bailan, procedentes de la tierra de los espíritus". 

LA VIDA EN LA SELVA 

A partir de las expediciones de los exploradores del Congo, a finales del siglo pasado, se configuró una imagen más realista de los pigmeos. En 1870, el explorador alemán George Schweinfurth descubrió de nuevo a este grupo 4.000 años después de aquel primer encuentro de los pigmeos con el príncipe Herkhuf. Poco tiempo después, Sir Henry Morton Stanley, periodista estadounidense, mencionó su existencia al relatar sus aventuras en África Central. Poco a poco, a través de los relatos de diversos exploradores, se fue conociendo la vida semi-nómada de estos cazadores-recolectores, con datos precisos sobre su capacidad de supervivencia en la dura selva mediante la caza, la recolección de miel, frutas, frutos secos, raíces, plantas y ciertos insectos, y el comercio de vegetales, tabaco, metales, herramientas y ropas con pueblos vecinos. 

Los pigmeos están ahora acotados como un conjunto de tribus repartidas por las selvas de África Central en pequeños poblados temporales. Aunque la unidad básica es la familia nuclear (es decir, el padre, la madre y los hijos), los poblados suelen reunir entre 10 y 35 personas de varias familias extensas. Cada familia nuclear construye su propia cabaña en forma de cúpula, formando el conjunto un círculo en torno a una zona común. La vida en el poblado pigmeo se hace principalmente al aire libre. Hay muy poca privacidad. Los pigmeos casi nunca están solos: comen, beben, se bañan y mantienen relaciones sexuales en estrecha proximidad, lo que requiere considerable tolerancia y disposición a compartir. La empatía y la cooperación son, por tanto, cualidades importantes en la sociedad pigmea. Los pigmeos tienen también un código moral bastante elevado, muy anterior al tiempo en que los misioneros trataron de imponerles su propia concepción del mundo. Tienen medidas contra el homicidio, el adulterio, la mentira, el robo, la blasfemia, el culto al demonio y la brujería, la falta de amor a los hijos, la desconsideración hacia los mayores y otras malas conductas. No es sorprendente, por tanto, que, a diferencia de otras tribus de la zona, nunca hayan admitido el canibalismo, los sacrificios humanos, la mutilación, la brujería, los asesinatos rituales, la guerra intertribal, los ritos de iniciación violentos y otras costumbres crueles. 

Sin embargo, el siglo XX no ha sido bueno para los pigmeos. La civilización invasora ha cobrado su precio, a medida que otros grupos de población los expulsaban de su hábitat, cada vez más reducido. La baja tasa de nacimientos, la alta mortalidad infantil y el intenso cruce con tribus invasoras no pigmeas han reforzado su declive. Por otra parte, los misioneros y funcionarios gubernamentales los han instalado en poblados permanentes, obligándolos a abandonar la vida que llevaban milenios practicando. Toda la crianza y la cultura de los pigmeos gira en torno a la vida nómada en la selva, por lo que el sedentarismo ha conducido a menudo al declive físico y moral. Quedan muy pocos pigmeos viviendo en su estado original y, al ritmo que van las cosas, muy pronto su mundo desaparecerá para siempre. Recientemente he pasado un tiempo entre los pigmeos de la selva de Camerún. Sirviéndome de guías, me enseñaron algunos conocimientos de la sabiduría de la selva. Observé con un admirado respeto su conocimiento de la selva, su capacidad de leer las señales dejadas por distintos animales y de encontrar setas comestibles, frutas, tabaco y vegetales. Me interesaron vivamente sus relaciones personales en diversas situaciones. Los vi actuar como grupo de caza, bailando, cantando. Me asombró su alto grado de respeto mutuo. También me llamó la atención su general alegría. Su actitud hacia el mundo parece muy positiva, tal vez porque la confianza es una de sus características esenciales. 

IMPORTANCIA DE LA CONFIANZA BÁSICA 

Para tratar de comprender el porqué de esta actitud positiva hacia el mundo, debemos recordar que el punto de partida de la confianza básica es la relación inicial de la persona con sus primeros cuidadores. Los estudios sobre desarrollo infantil han mostrado que estas pautas iniciales de relación marcan todas las experiencias futuras: la forma de relacionarse con estos primeros cuidadores se convierte en el modelo para todas las relaciones futuras. Por tanto, las experiencias sociales iniciales de los niños con las personas que los rodean constituyen la base permanente de la confianza (o la desconfianza) y crean una sensación de reciprocidad que determina su Weltan- schauung posterior. 
En consecuencia, si el niño crece en un entorno amable, el adulto en que se convertirá se sentirá seguro y a salvo. Unas figuras paterna y materna que transmitan confianza y reaccionen ante las necesidades del niño proporcionándole un entorno cálido y tranquilo favorecen el desarrollo de una visión positiva del mundo. 

La sociedad pigmea está llena de este tipo de adultos. Por ejemplo, el niño llama "padre" o "madre" a todos los miembros del grupo de edad del padre o de la madre, y, a los demás, "abuelos". Para los niños pigmeos, todos los adultos son sus padres y abuelos. Dada la naturaleza de la sociedad pigmea, siempre hay alguien alrededor para ocuparse de las necesidades del niño; prácticamente nunca están sin contacto físico con otra persona. Los padres pigmeos participan activamente en el cuidado directo de sus hijos, más que los de cualquier otra sociedad conocida. Tienen a sus hijos entre sus brazos o en su inmediata proximidad casi el 50% del día. Los malos tratos o el descuido de los niños son prácticamente desconocidos. La crueldad con los niños es la infracción más grave de la ley pigmea. No es de extrañar que tengan esta forma positiva y confiada de relacionarse. También puede considerarse que el sentimiento de independencia y autonomía, fuertemente arraigado entre los pigmeos, es consecuencia de su temprana vivencia de un modelo familiar igualitario. La actitud positiva hacia el mundo y el sentimiento de independencia y de confianza básica se reflejan en la actitud de los pigmeos hacia la selva, como antes mencionábamos. Probablemente, la mejor manifestación de su poderosa fe en la bondad del bosque sean sus canciones molimo. Molimo es el nombre que dan los pigmeos a un ritual integrado principalmente por canciones nocturnas a cargo de los hombres. En el molimo o "animal de la selva", los participantes simulan que sus sonidos proceden de un animal que baila en torno al poblado. Con el mismo nombre se designa también un largo instrumento parecido a una trompeta que desempeña un papel importante en el ritual. El molimo se convoca siempre que las cosas van mal, especialmente en tiempos de crisis: escasez de caza, enfermedad o muerte de algún miembro. Al convocar este ritual, los pigmeos inician el proceso que hará que las cosas vuelvan a marchar bien. 

SIETE LECCIONES DE LA PIGMEA PARA LA EFICACIA DEL TRABAJO EN EQUIPO 

Los estudiosos califican el trabajo eficaz en equipo como uno de los valores fundamentales de las empresas que producen buenos resultados. Dicho de otro modo, las empresas que producen de forma sostenida buenos resultados tienen culturas corporativas en las que el trabajo en equipo ocupa un lugar central. 

En la mayoría de las empresas se oyen expresiones como "trabajo en equipo", "calidad", "respeto a las personas" y "orientación al cliente", que suelen convertirse rápidamente en clichés. Manifestar el deseo de que la empresa esté orientada al trabajo en equipo es fácil y hace quedar bien; pero poner en práctica este deseo resulta extremadamente difícil. No obstante, los pigmeos parecen haber conseguido hacer funcionar los equipos, según el trabajo pionero de Colin M. Turnbull titulado The Forest People: A Study of the Pygmies of the Congo y los de otros antropólogos. Su planteamiento del trabajo en equipo les hace menos susceptibles que la mayoría de los equipos de empresa a verse afectados por los procesos que minan el funcionamiento del grupo. Muchas de sus prácticas son un verdadero modelo de comportamiento eficaz. 

Lección 1: 
los miembros del equipo se guardan respeto y confianza mutuos 

Las dificultades de la vida en la selva determinan que la supervivencia dependa de la interdependencia. No siempre hay abundancia de comida, por ejemplo, y la caza puede ser peligrosa. En la selva viven búfalos rojos salvajes, elefantes fácilmente irritables, ágiles y silenciosos leopardos, serpientes mortales y terribles hormigas guerreras, peligros que hay que afrontar diariamente. La confianza y la dependencia mutua desempeñan un papel importante en la superación de estos retos. Sin confianza, el riesgo derivado de estos peligros aumentaría. Hay que contar con todos. En cualquier contexto, selva tropical o empresa occidental, si hay confianza, muchas otras cosas quedan encauzadas. La confianza simplifica la vida, con independencia de la organización a la que se pertenezca. Es un antídoto contra la multiplicación de leyes y reglamentos. La confianza implica también respeto a los demás miembros del grupo. En una comunidad basada en la confianza, las diferencias son algo valioso. Y, como bien saben los estudiosos de los equipos de alto rendimiento, la diversidad puede constituir una ventaja competitiva. 
Los pigmeos saben cómo engranar la energía de las distintas partes de su pequeño grupo en un todo eficaz. También muestran gran habilidad para las relaciones y los roles: la rigidez de comportamiento brilla por su ausencia. El respeto mutuo, esencial para el buen trabajo de equipo, caracteriza también las relaciones entre hombres y mujeres pigmeos. A diferencia de otros grupos de población africanos, en la sociedad pigmea las mujeres no están discriminadas. 
Como ya se ha mencionado, las relaciones entre hombres y mujeres son extraordinariamente igualitarias. La flexibilidad de roles es la norma, y el lenguaje es neutro en materia de género. Marido y mujer colaboran en muchas actividades y nunca obligan al otro a hacer algo en contra de su voluntad. 

Aparte de la caza con lanza y con arco y flechas, hay muy poca especialización por sexos. Las mujeres son parte esencial del equipo de trabajo. Su aportación a la provisión de alimentos es fundamental y participan activamente en su distribución e intercambio. Hombres y mujeres participan en la caza con red, normalmente juntos. El hombre recoge las setas y frutos secos que encuentra, así como madera para hacer fuego y agua, y también cocina, lava y limpia a los bebés cuando es necesario. La mujer participa en las discusiones con los hombres y realiza trabajos duros cuando es necesario. La moraleja de este ejemplo es que si queremos que un equipo funcione, tenemos que instaurar la confianza y el respeto mutuos entre sus miembros. Si no se dan estos sentimientos, otros factores de eficacia del grupo resultan inútiles y el equipo deviene rápidamente ineficaz. No obstante, la confianza no surge de modo instantáneo. Es como una flor delicada que tarda en florecer. Es más fácil de lograr si todos los miembros del grupo disfrutaron de la confianza básica que hemos explicado anteriormente durante su infancia, con lo que han desarrollado así una actitud favorable a la confianza como eje de su personalidad. La confianza puede también cultivarse en el seno de la empresa. Los líderes que convierten sus palabras en hechos y no matan al mensajero que trae las malas noticias ofrecen ejemplos de comportamiento que favorecen la instauración de una cultura de la confianza. 

Lección 2: 
los miembros del equipo se protegen y apoyan mutuamente 

Un complemento de la confianza y el respeto es un sistema de apoyo y protección mutuos entre los miembros del equipo, quienes deben tener la convicción de poder contar con los demás. 
Un elemento importante de la ecuación de apoyo mutuo es el mantenimiento de la autoestima de cada persona. 

Tomemos de nuevo como punto de partida el comportamiento de la sociedad pigmea. Pese al carácter de apoyo mutuo de la relación hombre-mujer, se producen sin duda conflictos matrimoniales. La violencia física contra la mujer es prácticamente inexistente y las discusiones suelen resolverse mediante el diálogo, la mediación, el recurso al humor, el abandono temporal del poblado o el replanteamiento del conflicto. En general, no obstante, las mujeres exteriorizan su malestar con mayor facilidad que los hombres. Una forma habitual de mostrar su enfado con los maridos es derribar la casa (como las mujeres son mejores constructoras de casas, la choza familiar se considera propiedad de la mujer). 

Turnbull ofrece un ejemplo de una discusión doméstica que se estaba yendo de las manos por una cuestión matrimonial no resuelta. Para manifestar su disgusto, la mujer comenzó a retirar metódicamente las hojas que formaban la choza. Normalmente, una vez llegados a este punto, el marido hace parar a la mujer, pero, en este caso, el sujeto parecía una persona muy testaruda y no daba su brazo a torcer. En consecuencia, su mujer no tuvo más alternativa que continuar el desmontaje, hasta que al final la choza quedó completamente desnuda de hojas. En este momento, el marido comentó que iba a hacer mucho frío por la noche. La mujer consideró que su marido no había reaccionado aún de modo adecuado, de forma que la controversia finalizara, así que no vio más alternativa que continuar su acción. Dubitativamente, comenzó a retirar los palos que formaban la estructura de la choza. A estas alturas, todo el poblado, que participaba en el conflicto desde el primer momento, estaba ya alterado. Era evidente que las cosas estaban yendo demasiado lejos. Se estaban traspasando las fronteras de la mutua asistencia. La mujer estaba llorando y el hombre se sentía igualmente mal, pues lo último que deseaba era perder a su esposa (si la choza llegaba a demolerse completamente, la mujer estaba obligada a empaquetar sus pertenencias y volver a la casa de sus padres). La cuestión era cómo volver a encauzar la situación, cómo poner fin al conflicto salvaguardando al mismo tiempo la autoestima de ambas personas y permitiéndoles "salvar la cara". En este caso, al marido se le ocurrió un modo de salir del aprieto: replantear todo el asunto. Dijo a su esposa que no era necesario arrancar los palos de la choza, porque lo único que estaba sucio eran las hojas. Inicialmente confusa, la mujer comprendió rápidamente lo que trataba de hacer su marido y le pidió que le ayudara a llevar las hojas al río. Allí, ambos simularon que lavaban las hojas y luego las trajeron de vuelta. Llena de alegría, la mujer comenzó a colocarlas de nuevo sobre la estructura, mientras el marido salía con su arco y sus flechas a cazar algo para preparar una cena especial. Había desactivado la discusión simulando que la mujer estaba quitando las hojas no por estar enfadada, sino porque estaban sucias. Todos sabían cuál era realmente el asunto, pero estaban contentos porque se había acabado la discusión. De hecho, para mostrar su solidaridad y apoyo, algunas mujeres llevaron hojas de sus chozas a lavar al río, como si éste fuera un proceder común. Este incidente ilustra un importante factor en la eficacia de los equipos. 

El conflicto es inevitable, pues forma parte, sin duda, de la naturaleza humana. Sin embargo, ante un conflicto en la empresa, todos los miembros del equipo deben estar dispuestos a apoyar, proteger y defender a los otros. En los equipos eficaces, sus miembros hacen todo cuanto verdaderamente está en su mano para resolver sus diferencias sin perder el respeto.

 Siempre que sea posible, las situaciones de conflicto deben replantearse como situaciones de colaboración. La conciencia de tener interés en un resultado constructivo debe formar parte de la actitud mental de los miembros del equipo, pues la protección y el apoyo mutuos son el pegamento que hace funcionar al equipo y le ayuda a sobrevivir en los momentos difíciles. 

Lección 3: 
los miembros del equipo dialogan y se comunican abiertamente 

En la sociedad pigmea, la participación es un elemento esencial del planteamiento de los grupos.
Todos la dan por supuesto, pueden exigirla y están "obligados" a concederla. 
La obediencia a las figuras de autoridad es mínima. 
Nadie tiene derecho a obligar a otro a hacer algo en contra de su voluntad y nadie tiene miedo a expresarse abiertamente.
 No hay grandes diferencias de poder entre los distintos miembros del grupo. 
Todos participan en las decisiones que afectan al conjunto, interrelacionándose sin exclusiones, y resuelven las controversias de modo informal y siempre constructivo. Aunque cada persona tiene la responsabilidad personal de tratar de resolver las controversias, también tiene el derecho, si esto no se logra, de requerir la participación de los demás hasta que se liquide el asunto. Por ejemplo, si un varón pigmeo tiene una discusión con su mujer que le impide conciliar el sueño, sólo tiene que levantar la voz (recordemos que todas las chozas están muy próximas) y pedir ayuda a sus parientes y amigos. Su mujer hará otro tanto, con lo cual todo el campamento quedará involucrado en el asunto hasta lograr resolverlo. Los pigmeos no dejan los conflictos sin resolver; los afrontan en el momento en que se plantean para minimizar los malos sentimientos. Resuelven los problemas en el acto, en lugar de barrerlos debajo de la alfombra. 
Varias de las técnicas utilizadas por los pigmeos para diluir las controversias dan también buenos resultados en los equipos de trabajo de empresa. 
El humor y la risa son métodos comunes para resolver problemas entre los miembros del grupo, ayudan a superar el estrés y las tensiones inevitables del trabajo conjunto y contribuyen a alejar de la mente las causas del conflicto. Lo que podríamos llamar "gestión emocional" desempeña también un papel importante en la resolución de conflictos. 

Los pigmeos no sienten vergüenza de mostrar sus sentimientos y esta buena disposición hace mucho más fácil resolver las controversias. De hecho, un poblado pigmeo silencioso es un poblado pigmeo con problemas. La pauta de relación entre los pigmeos establece que es mejor pecar de "ruidoso" que de silencioso. Por otra parte, esta disponibilidad a exteriorizar los sentimientos por parte de todos los miembros del grupo reduce las reacciones defensivas y da lugar a una comunicación más sincera.
 Cuando hay cuestiones estresantes sobre la mesa, resulta de ayuda hablar de ellas, pues el diálogo abierto y la comunicación son factores importantes a la hora de conseguir resultados. Como puede observarse en la comunidad pigmea, en los equipos eficaces las ideas se expresan libremente y con entusiasmo y sus miembros se manifiestan sin problema a favor o en contra de una determinada postura. Este tipo de equipos son herramientas ideales para la resolución creativa de los problemas. La franqueza y la sinceridad son también factores claves de la eficacia del grupo. En un equipo que funcione bien, la información es veraz, sincera, abierta y compartida; los comentarios críticos se consideran oportunidades de aprendizaje y no desencadenan reacciones defensivas; los participantes aprenden a minimizar los daños a su ego centrándose en las ideas, en lugar de en las personas; en estos equipos de alto rendimiento, sus miembros evitan en lo posible las conductas perturbadoras, como conversaciones paralelas o comentarios desagradables. 

Lección 4: 
los miembros del equipo comparten un importante objetivo común 

Los pigmeos tienen un fuerte sentido de responsabilidad comunitaria. La cooperación es la clave de su sociedad. Son "la gente del bosque", la selva que les proporciona todo lo que necesitan para vivir. Sin embargo, sólo pueden aprovechar la generosa oferta del bosque si tienen objetivos compartidos. La caza es una de las principales tareas para la supervivencia del grupo. Por supuesto, un pigmeo puede salir por su cuenta, con su arco y sus flechas, y tratar de cazar un pájaro o un mono. Aunque ciertamente lo hacen con regularidad, la forma más eficaz de conseguir carne es la caza en común, conduciendo a los animales hacia trampas de red. 
La caza con red no puede hacerse individualmente. Un cazador solo no podría cubrir el territorio necesario para llevar la presa (un antílope, por ejemplo) hasta la red. Esta empresa necesariamente cooperativa requiere un interés compartido y un propósito común entre los hombres, mujeres y niños de las familias participantes. Este objetivo común es un estímulo para el trabajo en equipo. En este tipo de caza, las redes de cada familia se unen para formar un gran semicírculo. Las mujeres y los niños suelen dirigir a los animales hacia la red, tras la que aguardan los hombres para matarlos una vez atrapados. En otras ocasiones, hombres y mujeres invierten estos papeles. Al final, se reparte la carne entre todos los participantes con arreglo a unas reglas muy precisas. En la empresa, como en la sociedad pigmea, el trabajo en equipo es ineficaz si no existen objetivos mutuamente convenidos. Para que los miembros del grupo tengan una sensación de finalidad y orientación, los objetivos y metodologías del equipo han de estar claramente definidos. Si el objetivo es ambiguo o está mal planteado, el grupo no tendrá la motivación y la dedicación necesarias. Aunque los objetivos han de estar dentro de los límites de lo realista, la empresa debe animar a los miembros del equipo a fijar objetivos ambiciosos. A mi juicio, esto proporciona una sensación de orgullo y, una vez alcanzados éstos, de satisfacción por los resultados conseguidos. Además de un propósito claro, es necesario plantear expresamente objetivos cualitativos y cuantitativos, que ayudarán a los miembros del equipo a determinar el grado de realización de sus tareas personales. Estos objetivos concretos operan como un plano de carreteras, estableciendo un marco ordenado y creando entusiasmo en torno a la siguiente ruta que hay que tomar. 

Lección 5: 
los miembros del equipo tienen poderosos valores y creencias comunes 

Estrechamente vinculada al propósito común sentido por el grupo, se encuentra su cultura sus valores y creencias compartidos . Estos valores y creencias determinan las actitudes y reglas de comportamiento, de modo que operan como un mecanismo de control social. También proporcionan otra forma de "pegamento" que mantiene unidos a los miembros del grupo. Todo esto hace que la interiorización de valores y creencias compartidos resulte extremadamente importante para la consecución de los objetivos del grupo. 

Aunque, para un observador no experto, la vida selvática de los pigmeos puede parecer despreocupada, la realidad es muy distinta. Bajo el aparente desorden de la comunidad, subyace un orden considerable. Como ya hemos explicado, no debemos subestimar la importancia de los sistemas informales. Todos los pigmeos del poblado, desde su primera infancia, interiorizan las reglas de comportamiento transmitidas oralmente de generación en generación. Estas reglas, basadas en los valores y creencias culturales, son las que hacen funcionar esta pequeña sociedad. Para comprender la configuración de esta cultura, hemos de analizar más detalladamente las pautas de socialización inicial. Como ya se ha señalado, en la sociedad pigmea todos los adultos participan en la crianza de los niños, en su educación y en la enseñanza de las reglas. También ayudan a los niños a interiorizar profundamente las actitudes y pautas de comportamiento consideradas adecuadas por su sociedad. Los adultos tratan de convertir a las nuevas generaciones en un grupo de cazadores-recolectores eficaz, enseñándoles el arte de la supervivencia en la selva. Les enseñan desde muy niños a ser autónomos, dotándoles de todas las habilidades necesarias para sobrevivir. Les transmiten la sabiduría colectiva acumulada a lo largo de miles de años, las tradiciones culturales de la sociedad pigmea. Los adultos pigmeos quieren que sus hijos compartan una herencia común. 

Para reforzar los comportamientos que consideran adecuados en esta herencia, se utilizan, según sea necesario, premios y castigos. Para asegurarse de que se asumen estas reglas, la sociedad pigmea establece una serie de mecanismos disuasorios. Ante los delitos más terribles, los restantes miembros del grupo no toman medida alguna; no es necesario, pues consideran que se producirá algún tipo de repercusión sobrenatural. En caso de infracciones menores, el acusado tiene la oportunidad de exponer su postura ante los demás miembros del grupo; los incidentes graves son materia del molimo, que opera en nombre de la comunidad. Los actores del molimo deben mostrar públicamente su desaprobación de la infracción de las pautas sociales atacando la choza del infractor, por ejemplo, o al propio infractor o infractora en una incursión a primera hora del día. El molimo es un elemento importante de la tradición pigmea y en este tipo de situaciones representa el papel de la conciencia colectiva del grupo. El compartir, la cooperación, la independencia y la autonomía son valores fundamentales de la sociedad pigmea. 

Otro valor fuertemente arraigado es el mantenimiento de la paz entre los miembros del grupo, un deseo que en ocasiones se impone incluso a los aspectos positivos o negativos de un determinado caso. Turnbull describe un incidente en el que uno de los pigmeos más jóvenes emprendió una aventura amorosa en la choza de un vecino que tenía una atractiva hija. Poco después de entrar en la choza, fue expulsado de ella por el furioso padre bajo una lluvia de gritos, palos y piedras. El escándalo despertó a todo el poblado. El padre chillaba que lo que le indignaba no era que el joven hubiera tratado de acostarse con su hija, sino que hubiera tenido la desfachatez de pasar por encima de él y despertarle en el intento. Esto lo consideraba inaceptable. Una persona decente se hubiera citado con la chica en cualquier otro sitio. En este caso concreto, la discusión no se resolvió enseguida. Persistía el alboroto, que mantenía despierto a todo el mundo, hasta que uno de los más ancianos dijo al padre, apelando a su sensatez, que estaba armando demasiado escándalo, que le estaba provocando un dolor de cabeza y que quería irse a dormir. El padre siguió gritando y el anciano dijo entonces que estaba "matando el bosque y acabando con la caza": aunque el padre tenía razón el comportamiento del joven había sido inapropiado , estaba causando un perjuicio muy superior alborotando todo el poblado, espantando a los animales y estropeando la jornada de caza del día siguiente. 

Este ejemplo puede parecer exagerado, pero ilustra la aplicación de las normas de comportamiento social: cómo una regla prevalece sobre otra, cómo todos asumen lo que se considera un comportamiento aceptable. La lección que hay que extraer de esta sociedad relativamente primitiva es que cualquier organización o grupo de trabajo debe articular sus valores y creencias básicos y definir las actitudes y comportamientos aceptables para sus miembros. Las obligaciones y prohibiciones del comportamiento social deben definirse con claridad, en primer lugar, y después refor- zarse mediante historias y tradiciones; éstas últimas, a su vez, fortalecen la identidad del grupo. Un lenguaje especializado puede estrechar aún más los vínculos internos de la comunidad. Para reforzar este proceso de vinculación, las empresas de éxito hacen todo lo posible por seleccionar empleados que compartan previsiblemente los valores fundamentales de la organización, integrarlos eficazmente en el grupo y ayudarlos a interiorizar estos principios. Por último, establecen sanciones para las infracciones de estos valores y creencias compartidos. 

Lección 6: 
los miembros del equipo subordinan sus propios objetivos a los del grupo 

Uno de los relatos que escuché entre los pigmeos hacía referencia al incumplimiento de una de sus reglas fundamentales del comportamiento social. Durante una jornada de caza, uno de los cazadores, frustrado por su mala suerte (no había cobrado ninguna pieza en todo el día), se separó del grupo y colocó su red delante de las de la tribu, con lo que atrapó el primer animal que se acercó huyendo del ruido que hacía el otro grupo para dirigir a las presas hacia las redes. El infractor no consiguió retirarse a tiempo y fue descubierto cometiendo el grave delito de anteponer sus necesidades personales a las de la comunidad. Para un pequeño grupo de cazadores, como ya se ha señalado, la supervivencia depende crucialmente de una colaboración estrecha y de un sistema de obligaciones recíprocas que garantice que todos se llevan una parte de las capturas de la jornada. Este pigmeo había violado esta regla no escrita, había sido egoísta. La humillación y el ridículo fueron su castigo por este comportamiento inaceptable. Las mujeres y los niños se rieron de él y nadie le hablaba, condenado al ostracismo. Esto puede no parecer un gran castigo, pero nada molesta tanto a un pigmeo como el desprecio y el ridículo; en esta sociedad, el ostracismo puede ser comparable a la reclusión en soledad en la nuestra. De todos modos, el castigo fue temporal. 

Los pigmeos no arrastran malos sentimientos durante largo tiempo y, en una comunidad pequeña, los cazadores no pueden permitirse el lujo de perder un miembro del equipo. Este ejemplo de la sociedad pigmea ilustra cómo los buenos miembros de equipo operan dentro de las reglas del grupo, saben cuál es el papel de la persona y del equipo, no anteponen sus necesidades personales a las del grupo, controlan sus impulsos egoístas y subordinan sus fines personales a los del equipo. El trabajo en equipo es un curioso acto de equilibrio, una forma de participación que sólo puede rendir frutos en una atmósfera que fomente la libertad individual y las oportunidades creativas bajo el paraguas de unos objetivos globales del grupo, una forma de interdependencia entre las necesidades de la persona y las de la organización. Para que este equilibrio funcione, todos los miembros del equipo deben asumir las limitaciones a su libertad individual. 

Lección 7: 
los miembros del equipo ponen en práctica el liderazgo "repartido" 

Los pigmeos creen profundamente en la idea de liderazgo "repartido". Como ya hemos explicado, su sociedad se caracteriza por una sorprendente ausencia de reglas formales. Es difícil hablar con un dirigente concreto y general. A diferencia de otras tribus afri- canas, los grupos pigmeos no tienen "grandes figuras": el liderazgo no es monopolio de un líder glorioso. Nadie tiene la autoridad suprema, no hay verdaderos jefes o consejos formales, de modo que su comportamiento es extraordinariamente igualitario y participativo. 
Los pigmeos son, tal vez, una muestra del máximo grado de igualitarismo al que puede llegar una sociedad humana. Entre ellos se considera de mal gusto llamar la atención sobre las actividades propias y, para evitarlo, emplean muchos medios sutiles. Presumir de las habilidades propias es una invitación a la burla, lo que resulta un mecanismo igualador muy eficaz. A los pigmeos no les intimida el rango o el nivel social. Todos los miembros del grupo tienen derecho a tomar decisiones. Hay que respetar a los mayores, pero no por su riqueza o su categoría, sino por su conocimiento y su experiencia. Del mismo modo, si se escucha más a unas personas que a otras al tomar una decisión, es por su especial cualificación o capacidad, sea para fabricar arcos, cazar o tocar un instrumento. Aunque las opiniones de algunos sean más valoradas que las de otros (convirtiéndose así en más "iguales" que sus compañeros), todos los miembros de la comunidad están facultados para cuestionar la autoridad en el momento en que consideren que se ponen en peligro los objetivos del grupo. Consecuencia de ello, todos los miembros tienden a sentir como propias las decisiones del conjunto. Los pigmeos parecen haber encontrado la mejor forma de liderazgo repartiéndolo entre toda la comunidad, participando todos en la toma de decisiones. No obstante, las personas merecedoras de especial respeto deben observar ciertas prácticas de liderazgo favorecedoras de la eficacia del trabajo en equipo y, si no lo hacen, el grupo les recuerda su obligación. 
Si analizamos los mecanismos de una empresa de alto rendimiento, encontraremos similares actitudes hacia el liderazgo. Una de las prácticas utilizadas con éxito por los líderes de equipos para fomentar la plena participación es la disposición a compartir los objetivos con otros miembros del grupo, evitando a toda costa el secretismo de cualquier tipo. Tratan con respeto a los miembros del grupo, escuchan para obtener feedback y formulan preguntas, resuelven problemas y se muestran tolerantes y flexibles. Ofrecen orientación y estructuración para facilitar la realización de las tareas y marcan pautas de acción. Promueven el diálogo y la relación entre los participantes, buscando un grado adecuado de participación que garantice que se tienen en cuenta todos los puntos de vista (reteniendo inicialmente el propio para no sesgar las opiniones). Sacan fruto de las diferencias existentes entre los miembros del grupo cuando tales diferencias contribuyen al bien común. Alaban y reconocen el trabajo individual y colectivo, y celebran los éxitos conseguidos. Asumen como propias las decisiones del equipo y mantienen actualizado su planteamiento mediante un seguimiento permanente. De este modo, crean un ambiente de desarrollo y aprendizaje, y durante el proceso animan a los miembros del grupo a evaluar sus propios avances y su desarrollo. 

LIDERAZGO POR CAPACIDAD (NO AUTORIZADO) 

En el curso de estas "lecciones de los pigmeos", los líderes de equipos aparecen como los catalizadores del trabajo de equipo eficaz. A estos líderes de equipo y de la jerarquía de la empresa  les corresponde establecer un marco que promueva la máxima eficacia de los equipos, creando un ambiente adecuado y enseñando con su ejemplo. El antiguo modelo de orden y control por departamentos estancos ha dejado de ser una alternativa. En realidad, lo que hay que hacer es reducir al mínimo las reglamentaciones. 

NECESIDAD DE ESPACIO DE TRANSICIÓN 

Hay que formular aún un par de advertencias sobre el liderazgo de equipos en el trabajo. En primer lugar, por muy favorable a la participación que uno sea, es necesaria una comunicación bidireccional desde la cúspide de la organización, así como una manifestación clara de las prioridades de la empresa. En segundo lugar, los ejecutivos y líderes de equipos deben instaurar un ambiente que estimule la capacidad emprendedora natural de las personas. La gente necesita espacio para el juego y un compromiso claro de la dirección en este sentido , puesto que de la mano del juego vienen la creatividad y la innovación. Sin innovación, la empresa se estanca y muere. 
La alta dirección debe no sólo animar al personal a asumir riesgos, sino también aceptar los fallos ocasionales y proteger a quienes se arriesgan por una buena causa. Aunque un liderazgo fuerte y comprometido es imprescindible para estimular la innovación, no tiene por qué no debe  ser autoritario. Por el contrario, debe apoyarse en la capacidad. Lo que la empresa necesita son líderes respetados por la aportación que pueden hacer al conjunto. Personas que convierten sus palabras en hechos, que disfrutan estimulando el desarrollo de su personal, que están dispuestas a desempeñar el papel de mentor, entrenador y animador, y que saben cómo llevar a los demás hacia objetivos ambiciosos. Los líderes por capacidad aceptan los razonamientos contrarios y animan a todos a expresarse abiertamente; saben reconocer un trabajo bien hecho, alabar los logros y establecer sistemas de recompensa adecuados para encauzar el comportamiento del personal hacia los objetivos perseguidos. En nuestra época de transformación y cambio, el conflicto es parte integrante de la vida empresarial. La capacidad de resolver conflictos es, por tanto, una habilidad importante para quienes ocupan puestos de liderazgo de grupos. Los líderes eficaces del futuro serán maestros de la claridad y la sinceridad, dos capacidades fundamentales para desarticular los conflictos. Comunicarán lo que hay que hacer de modo claro e inequívoco, haciendo imposibles las interpretaciones erróneas. Abordarán los conflictos de modo que los obstáculos se conviertan en instrumentos de resolución creativa de problemas y mejora de los resultados. En cualquier caso, el trabajo en equipo es, por encima de todo, un acto de equilibrio. Por una parte, todos los miembros merecen beneficiarse de la parte que les corresponde en los resultados, obtener el reconocimiento por sus logros; por otra parte, los miembros deben asumir el valor de la colaboración, subordinando sus necesidades personales a las del grupo. La co- laboración no suele ser fácil, por lo que un ambiente constructivo de reciprocidad constituye un favorecedor punto de partida. Los grupos que, como los pigmeos en la selva, operan en un entorno difícil son muy conscientes de esta necesidad de colaboración. Pese a todos los problemas inherentes a los equipos, los pigmeos saben que es más difícil trabajar sin ellos que con ellos. Sin ellos, sus posibilidades de supervivencia serían escasas, dados los retos del entorno. Los miembros de las empresas harían muy bien en tomar nota de estas lecciones de los pigmeos. 

SISTEMAS CERRADOS FRENTE A SISTEMAS ABIERTOS 

Tal vez la lección más significativa de los pigmeos sea de carácter negativo. En los últimos tiempos, su estilo de vida se está viendo amenazado porque la selva, epicentro de su existencia, está en peligro. Su hábitat, hecho ecológico dominante, ha determinado durante siglos sus prácticas de socialización y de formación, dando lugar a su cultura distintiva y a su actitud frente a la vida. Mientras haya selva, el mundo estará en su sitio, todo encajará y la vida tendrá significado. Desgraciadamente, la construcción de nuevas carreteras (que permiten a las explotaciones agrícolas a gran escala ir ocupando trozos de selva) y la emigración procedente de otras partes de África hacia la selva en busca de terrenos de cultivo han producido una extensísima deforestación. 
El mundo de los pigmeos está desapareciendo a una velocidad alarmante, creando una sensación de desarraigo. Muchos de los obligados a abandonar la selva han sido incapaces de encontrar una nueva orientación. En la sociedad agrícola e industrial que rodea su antiguo mundo, sus especiales habilidades son de poca utilidad. Muy pocos pigmeos han sido capaces de adaptarse, de hacer la transición hasta "nuestro" mundo. Las consecuencias para los diversos grupos pigmeos han sido dramáticas. 

Como lección final de los pigmeos, por tanto, debemos aprender que la supervivencia requiere no sólo una orientación interna, sino también externa: hay que tener en cuenta los cambios del entorno exterior. La gestión de fronteras es importante; construir puentes hacia los participantes externos en la empresa es una tarea esencial. Las relaciones externas son fundamentales para la eficacia de los equipos. En el caso de los pigmeos, este ajuste externo puede ser completamente imposible. Adaptarse a la gran sociedad requeriría una reinvención total de su existencia, una transformación absoluta de su cultura, el fin de su mundo. 

El mundo de la empresa no es un sistema tan cerrado como el de los pigmeos. Muchas otras circunstancias lo diferencian, pero el paralelismo sigue siendo sorprendente: al igual que los pigmeos, la empresa no tiene más remedio que mirar más allá de sus fronteras, tiene que estar atenta a las nuevas discontinuidades externas, para tener al menos una oportunidad de supervivencia y de éxito. Si no mira más allá de sus fronteras en este mundo rápidamente cambiante, competitivo y mundialmente interdependiente, sufrirá también consecuencias dramáticas: el declive inexorable de su ciclo de vida, hasta la muerte de la empresa. 

Una forma de gestionar la continuidad, de crear empresas que perduren, es el trabajo en equipo. La empresa que se dota de las herramientas del trabajo eficaz en equipo cuenta con una ventaja competitiva, una posición avanzada hacia el éxito. En cualquier caso, dominar estas herramientas requiere un considerable esfuerzo psicológico. 

El estadista y novelista francés René Chateaubriand dijo en una ocasión: "No se aprende a morir matando a otras personas". Los pigmeos han hecho realidad esta afirmación. Saben cómo cuidar los unos de los otros. Los miembros de las empresas de nuestra sociedad postindustrial harían muy bien en comprender también este principio. 
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